domingo, 30 de agosto de 2015

Novecento


de Bernardo Bertolucci
en la Sala Leopoldo Lugones

El Complejo Teatral de Buenos Aires y la Fundación Cinemateca Argentina han organizado la exhibición completa de Novecento, el capolavoro de Bernardo Bertolucci, para los días martes 1 y miércoles 2 de septiembre, en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín. En cada uno de estos días, se proyectará la película en su totalidad, tal como la concibió el gran director italiano, 250 minutos con un intervalo. Se verá una copia en 35mm conservada por la Fundación Cinemateca Argentina. Habrá funciones a las 14.30 y 19.30 horas.

Novecento
Italia/Francia/Alemania, 1976

Dirección       Bernardo Bertolucci

Producción    Alberto Grimaldi

Guion              Franco Arcalli
Bernardo Bertolucci
Giuseppe Bertolucci

Música           Ennio Morricone

Fotografía      Vittorio Storaro

Montaje          Franco Arcalli

Intérpretes     Robert De Niro
Gérard Depardieu
Dominique Sanda
Francesca Bertini
Laura Betti
Werner Bruhns
Stefania Casini
Sterling Hayden
Burt Lancaster
Stefania Sandrelli
Alida Valli.
Anna Henkel
Ellen Schwiers
Donald Sutherland
Sinopsis

El 27 de enero de 1901, coincidiendo con la muerte de Giuseppe Verdi, nacen al mismo tiempo en la hacienda Berlinghieri dos niños: Olmo Dalcò (Gérard Depardieu), de origen humilde y descendiente de trabajadores rurales, y Alfredo Berlinghieri (Robert De Niro), nieto del patrón de dicha hacienda (Burt Lancaster).

Aunque las circunstancias de la historia los encuentren en campos opuestos, surgirá entre Olmo y Alfredo una gran amistad. A través de ellos, la película narra los acontecimientos de relieve que sacudieron a Italia en la primeras décadas del siglo XX: la situación de explotación en la que viven los campesinos de la finca, más tarde la acogida del comunismo por parte de los proletarios, el final de la Primera Guerra Mundial. Pero sobre todo la obra se centra en el nacimiento del fascismo en Italia, apoyado primero y sostenido después por los grandes capitales y los poderosos terratenientes, que ven cómo puede llegar a mermar su poder ante el avance del comunismo.


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“…Novecento pertenece a esa categoría en la que también figuran Las puertas del cielo de Cimino o Erase una vez en América de Leone, por mencionar dos ejemplos: más allá de que alguna sea más magistral que las otras, en estos tres títulos malditos hay pasión, desgarro y ambición por parte de sus directores, hay metrajes excesivos, hay una voluntad de recurrir a una épica por momentos casi operística para abordar el pasado, en la que se mezclan la crudeza, lo sórdido y violento con el sentimentalismo, la poesía y la melancolía.
(…) Hay muchas cosas que la hacen una obra única y maravillosa: la deslumbrante y hermosa ambientación de época, la bella fotografía de Storaro, a la que no es arriesgado considerar una de las mejores de la historia del cine (esos atardeceres, las brumas, la oscuridad en los interiores, ¡y cómo refleja el cambio de estaciones en el campo emiliano, la naturaleza haciendo eco de los vaivenes dramáticos de la historia con parajes que pueden ser indistintamente –según el momento- tan bucólicos como siniestros!), y una de las partituras de Morricone que deberían figurar en el cuadro de honor en la honorable filmografía del veterano maestro, no sólo por su capacidad de sugerir la atmósfera para cada escena, sino además porque hay secuencias completas cuyo sentido se ve potenciado por su inolvidable música. Pero más allá de eso, está el creciente dramatismo que se apodera de su historia, y las magníficas actuaciones de un elenco multinacional y privilegiado, que va de unos jovencísimos y muy adecuados De Niro, Depardieu, Dominique Sanda y Stefania Sandrelli hasta un conmovedor Burt Lancaster --tan lejos y tan cerca de la vez de su príncipe de El gatopardo de Visconti--, un sólido y muy humano Sterling Hayden, una histérica y sorprendente Laura Betti y el impresionante Attila de Donald Sutherland, uno de los villanos más perversos y aterradoramente inolvidables de la historia del cine. Y por encima de todos esos logros, están los imborrables rostros, las miradas de esos campesinos reales de los sitios donde se filmó la película, en pequeñas localidades en los alrededores de Parma, la ciudad natal de Bertolucci; incluso muchos de ellos quizás vivieron los hechos en carne propia, lo que le da a muchos momentos del filme un carácter casi documental, de testimonio y herencia de un mundo cercano al ocaso, un estilo de vida en vías de extinción. La magia de Novecento está en buena parte en esas caras curtidas por el dolor y la injusticia, que sin embargo a menudo se alegran por la fugaz ilusión de una fiesta, un baile o una canción. Es en la capacidad para entender su esencia, así como la de esos personajes y esa historia, y trasladarlos a la pantalla grande en una película que puedes querer u odiar, pero no te deja indiferente, donde descansa el talento y la proeza que Bertolucci desarrolla en esta película fallida, irregular sin duda, pero finalmente fascinante, irrepetible, única”.
Joel Poblete en la revista web chilena Mabuse






           


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